miércoles 1 de julio de 2009

Ella y su deseo de
Ella y su deshacerse de
Ella.
Ella va. Ella quiere ir. Ella no va.
Ella esta. Ella no quiere estar. Ella esta.
Ella esta. Ella esta. Ella es.

Desprenderse.
Desprenderse de
Ella y su deseo de
Desprenderse.
Desprenderse más. Desprenderse aún.

Caída.
Caída de
Caída en
Caída.

Triturar.
Destrozar.
Destruir.
Se.
Sé que
No sé
Ella sabe.

Ella.
Sabe.
Ella sabe y
Se desprende
Se cae
Se.

Ella esta. Ella no quiere estar. Ella quiere ir. Ella y su deseo no deseo deseo. Ella y. Desprenderse. Caída. Ella no va. No sé. Ella sabe y. NO. NO. NO. NO. Aún. Ella no quiere estar. NO. No. no. desprenderse mas. Ella y su deshacerse de. Ella va. Ella quiere ir. Ella es.-

martes 31 de marzo de 2009

El primer dia del ultimo año

Tantas veces entrè y los vi.Los bancos lustrosos y risueños esperaban por nosotros.La luz descansaba en los pupitres, volcandose desde las ventanas hasta el suelo.Trituraban las voces los oidos de las paredes, y se sentìa el tamborilleo de la ansiedad.Subiendo hasta el momento ansiado, llegando al encuentro.Ver en los ojos el animoso entusiasmo pero sin desbordarse por los pàrpados me devolviò a la realidad.¡Otra vez! y quizas... ninguna mas. Un vez mas, la cuarta... la ultima?serà?Senti el regreso en mis manos.La hoja renacia y la palabra reencarnaba.El olor a nuevo que nunca se acaba inundaba mis nudillos algo apelmasados.El sonido melòdico de la enseñanza me arrullaba y me conducìa a ese nuevo sueño de aprender...Y encontrè en un verso una nueva inspiraciòn.Y encontre en una frase un nuevo motivo de vivir.Y encontrè en un abrazo un recuerdo de amistad.Y encontrè en unos escalones de mas un ànimo inquieto que no creì sentir...Me fuì con el alma empapada de realidad.Me fui con la cabeza llena de vuelos.Caminè media cuadra pensando en mañana,y entre a casa con una sonrisa en los labios..Digame señores... si esto no es amar cada instante de lo que uno hace, entonces.. ¿què es?

sábado 4 de octubre de 2008

a mi lectora MAR

El destello de aquella luz que se bamboleaba pendularmente,
como si fuese arrullada por las luciérnagas que ronroneaban a su alrededor, despertó a esa noche invernal que dormitaba desprevenida.
La madera parecía cantar una melodía indescifrable que invadía el silencio y lo perfumaba de ese escozor que suelen producir los fríos abrazos del invierno.
Los crujidos perturbaban la pereza de aquel lugar, los chillidos rebelaban que aquel esqueleto de roble aun no dormía en paz.
El embriagante olor a campo virgen invadía los sentidos como cientos de duendecillos traviesos, que trepaban por los canales y jugaban como criaturas en primavera.
El dulce movimiento del pasto combinaba sus compases con aquella luz inocente que no dejaba de señalar que la noche no dormía…
Y es que... ¿Cómo podría dormir alguien con semejante paisaje a sus pies?
Los verdes prados pincelados de nácar y azahar, brillando y danzando al ritmo de la brisa nocturna, y aquel firmamento que se extendía hasta donde no llega el hombre y que perturbaba el alma de cualquiera al saludar con sus miles de ojos destellantes…
Era como ver el rostro de la paz en persona.
Los caminos habían desaparecido. Todo era una sola unidad. Todo era armonía.
Los ojos gritaban por no abandonar aquel espectáculo hedénico y se aferraban a las columnas de la galería… no querían olvidar ese espacio, no querían desnudarse del recuerdo.
Pero sabían que de alguna forma no se iban.
Siempre sentirían la brisa, la humedad de la alegría en sus pupilas…siempre recorrerían aquel cielo insinuante con las caricias de sus pestañas en cada parpadeo, siempre se deleitarían con el verde azulado de aquellas olas campestres… y sobre todas las cosas… siempre sabrían cómo encontrar el camino para regresar.

miércoles 25 de junio de 2008

25-06-08

El viento frió le quebraba las rodillas y no podía pensar.
¿Acaso alguien supo si aquel pequeño monstruo que trepaba por sus pantorrillas era un ser animado o un actante del invierno?
¡Quien lo diría!, nunca se imagino el momento en que tendría que viajar.
Los dedos se le caían a pedazos. Primero uno, después el otro, y así.
Una cadena de carne se desprendía y dejaba una estela pálida a lo largo de la estación.
Nunca más esperaría en invierno.
Un hombre la mira desde el otro lado de la vía, ¿Qué estará pensando?
¿Acaso tendrá apetito de su pequeñez? ¿O simplemente le llamara la atención que sus orejas comienzan a desmenuzarse en pequeñas migajas de piel?
Que raro… el tren no llega.
Las horas se hacen minutos, y el tren no llega.
El reloj le muestra como la vida le consume de a poco el aliento, y los ojos comienzan a cristalizarse.
Las curvas se tornan borrosas. No puede ver más que manchas en una oscuridad tenue que amenaza con avanzar.
No ve. No puede ver.
Ahora los sentidos se agudizan y de a poco siente que los pinchazos de esa brisa congelada le rompen todo el esternon.
Las grietas se pronuncian mas allá de sus piernas y, como un mapa antiguo, sus pocos retazos comienzan a delimitarse como países, provincias, ríos...
Cada vez son más las líneas. Cada vez son mas las grietas.
Las dagas del frió juegan con su debilidad.
Que si, que no. Ahí.
De a poco le chupan el alma. Le roen el corazón.
El agua de los mares se congela y todo comienza a caer.
Como un pedazo de arcilla seca, el cuerpo se deshace.
El rostro se consume en un parpadeo…
Las provincias, los ríos fluyen fuera de sus causes…
Se extienden por las vías, las recorren morbosamente…
El reloj termina de sonar.
El revoltijo de sensaciones marca un punto final y se oye un sonido a lo lejos, un sonido estremecedor que fractura a aquel silencioso demonio del invierno, sorprendiéndolo…
Delatándolo.

El tren ha llegado a la estación. Ella no podrá subirse.
Sus zapatos vacíos miran inquietos la puerta abierta del vagón.
Nunca más esperará. Nunca más.-

miércoles 21 de noviembre de 2007

Casi

Y pasa el tiempo, y nos vamos haciendo viejos…que cosa que es la vida. Cada vez que me asomo a mirar por la ventana veo las nubes caminar hacia el mañana y me pregunto: ¿Realmente estaré ahí? Dejo de lado un rato todas las cosas mundanas y me dedico a mirarme a los ojos… las pupilas se dilatan evidenciado un todo que va ampliándose y que ruega ser descubierto. Temiendo bajar por el ascensor y comenzando a usar las escaleras… dejando que las horas se estiren en cada escalón y perdiendo el ritmo a medida que me duermo un poco, y otro poco…
Comenzando por escuchar el silencio y terminando por ahogarlo en un frasco, dejo paso a la soledad que me escupe y me grita en la cara que ya no tengo identidad…
Rogando día a día un poco de fuerza y arañando una pared sin escamas, trato de subir a un cielo que nunca me esperó. Refuerzo los crujidos y adelanto quejidos.
Entonces recupero algo de mí. Entonces me suspendo en un limbo senil y recuerdo que
cada vez que veo correr el agua por mi cuerpo en la ducha…recuerdo como siento que la piel va cambiando…como las extremidades se alargan y chocan contra las cosas, casi se acaba el espacio y voy quedando encerrada…será hasta el día, el día en que comience a hacerme pequeña y desaparezca del todo.-

sábado 13 de octubre de 2007

Lo leido en el cafè literario USAL

El gran monzón de verano había derribado todo vestigio de belleza.

No tenía ganas de volver a plantar más semillas. ¿Para qué?

Las hojas llagadas se escurrían por los canales abiertos.

Rasgadas, violadas por aquel sombrío intruso veraniego que asechaba con regresar.

Arrancadas, arrancadas de raíz.

Las pequeñas enervaduras se vislumbraban ante el cortejo de aquel sol aparente…

Los pimpollos, aquellos suaves, exquisitos e hipnotizantes pimpollos habían dejado de ser

visitados por los zánganos hambrientos.

Rodaban libres por la tierra… perdidos, despojados de la vida que los unía a su ser.

¡Y los pétalos! Regados…varados en el barro, atascados, escupidos por el fenómeno incipiente que borró aquel rastro de eterno equilibrio.

Se rompió. Cada unión, en cada flor, fue quebrada.

¿Para qué volver a plantar?



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consigna: hablar de sexo implicitamente, utilizando la tercera persona.

domingo 30 de septiembre de 2007

“Sin mi- dice la locura-
no hay relación humana posible”.



-Ah! Que tal don Sibriano, ¿que me cuenta de nuevo?
-Nada, ahí andamos vio… tirando pa` no aflojar.
-¡Me alegro, que tenga buen día!

Este hombre te parece tan simpático. Es tan dulce siempre contigo… con esa sonrisa de cien vólteos y su calva inmensurable. Te mira al despedirse y le sonríes mientras avanzas por la callecita del barrio. ¡Qué lindas están esas manzanas!…rojas y grandes ¿cincuenta centavos cada una?...como suben los precios. Recuerdas que el negro Padilla no era de subir los precios. Te acuerdas de esos veranos, en que venias con tu abuelo de la mano, a comprar naranjas para hacer jugo en las tardes. Te estremeces porque logras reconocer el olor a verano de aquellos días en la esquina por la que transitas. Que lejos te ves de casa… que lejos te ves.

-¿Nada más don Malvoro? Son cinco con cuarenta.
- Aquí tiene, quédese con los diez Padilla. Buen día.
-Buen día don.

Te entrega la bolsa de nylon y caminas unos metros más hacia la plaza. Piensas ¡Qué linda esta la nieta de doña Rosaura! ¡Cada vez mas grande esa criatura! Miras como los rulos de la niña danzan al compás del viento mientras se desliza por el tobogán. Piensas en lo bella que será tu nieta Aurora cuando nazca… los ojos de Moisés, la sonrisa de Amada… ¡Qué precioso será ese retoño! La imaginas con manos de nácar, con los cabellos mas finos que hilos de oro, con los ojos grandes y almendrados… como lagunas de pensamiento, con mariposas entre sus encías… como queriendo cantar en cada gesto, con rollitos de miel en sus piernitas y bracitos, con una piel de ensueño… que llevará el perfume de la vida que recién inicia.

-Buen día doña Rosaura, esa muñeca suya esta cada vez más bella.
-Gracias don Malvoro, que tenga buen día usted también.

Llegas a tu casa y abres la puerta. Todo golpea: el olor de la comida hecha al mediodía, las sombras de las cortinas añejas que no han sido sacudidas, la alfombrilla en la entrada… que ha perdido señales de aquel color que alguna vez tuvo. Todo. Miras de reojo la habitación y descubres que la plaza quedó atrás. Descubres que la voz de Padilla, de Sibriano y Rosaura retumban en un eco que se aleja más y más despacio. Tus pies comienzan a sentir un ligero hormigueo, como si estuvieran dormidos. Comienzas a palpar a los lados y tratas de buscar esa bolsa con las frutas. Nada. No la encuentras. Los latidos se alteran y se apelmazan para resonar en tu caja toráxica. ¡¿A dónde ha quedado tu pequeña bolsa de nylon con las frutas recién compradas en lo de Padilla?! ¡¿Por qué sientes los pies entumecidos y dormidos como si nunca hubieras salido y caminado?! ¿Quién anda ahí?...

-Buen día Sr. Malvoro, acérquese a la ventanilla y reciba usted por favor los comprimidos.

Te levantas. Caminas hacia la pequeña ventanilla que se ha abierto ante ti y tomas el pequeño vaso blanco de plástico que una mano ajena te ofrece. Buen día señor don Malvoro… Buen día.